No todos los mundos del Cúmulo de Centauri son verdes. Más allá de sus escasos planetas habitables se extienden páramos hostiles envueltos en tormentas tóxicas, calcinados por la radiación y aplastados bajo una gravedad implacable. Trampas mortales donde ningún ser humano, máquina o forma de vida similar a las de la Tierra puede sobrevivir mucho tiempo.
Pero los Celestials no ven estos escenarios infernales como obstáculos, sino como oportunidades. Bajo el terreno impracticable yacen vetas de energía sin explotar, minerales raros y los laboratorios perfectos para experimentos demasiado peligrosos como para llevarlos a cabo en cualquier otro sitio. Los Celestials, en otro tiempo humanos, han pasado 40 000 años trascendiendo la biología, evolucionando hacia otra especie. Su control del Cúmulo es absoluto, pero para explotar los mundos más volátiles, necesitaban una fuerza de trabajo creada para soportar lo imposible.
¿Su solución? Los Arkavir.
Los Arkavir, una especie de metamorfos fruto de la ingeniería biológica, se diseñaron para sobrevivir donde otros mueren. Soportan lluvias ácidas que derriten la carne, calores tan abrasadores que incendian el aire, fríos tan intensos que destrozan los huesos... Son metamorfos por necesidad y supervivientes por diseño: la herramienta más avanzada de los Celestials para moverse por las fronteras más mortíferas. Para la mayoría, los Arkavir siguen siendo un misterio. ¿Deberíamos temerlos? ¿Compadecerlos? Pocos Itinerantes los han visto de cerca, y menos aún sin la seguridad de un equipo de protección pesado. Su aspecto, alto y potente, varía en función de su entorno: su bioquímica, su tamaño y su estructura son un reflejo de los mundos brutales que les dan forma. Pero a pesar de sus variaciones, es imposible confundirlos con otra cosa.
Para los Celestials, los Arkavir no son simples trabajadores: son las manos y los pies de su ambición, la clave para asegurarse de que ningún mundo, por hostil que sea, queda fuera de su alcance. Creen que han dominado la resistencia. Que solo ellos deciden quién perdura y quién cae en el olvido. Pero los Celestials cometieron un error de cálculo fatal.
No contaron con nosotros.
Somos los Itinerantes, los guerreros eternos de la humanidad. No cedemos. No nos rendimos. Nos abrimos paso a través de lo imposible; no porque estemos diseñados para ello, sino porque nos negamos a ser borrados. Luchamos para sobrevivir a lo que se creó para sobrevivirnos a nosotros.
Los Celestials pueden haber dado forma al Cúmulo a su voluntad.
Pero nosotros daremos forma a su futuro.